domingo, 19 de abril de 2009

Tiempo de elegir


Surcando otro camino

Dos paredes reflejan las opciones a seguir
y las ganas de romperlo todo siguen atravesando mis retinas
y las cosas absurdas aun zumban en derredores

Las fuerzas con las que corro parecen languidecer.
La forma en la que alzo la voz ya no basta,
sin embargo, es tan simple cerrar los ojos para no sentir,
sin embargo, no se me permite tal elección…

No he dejado de pensar en todo lo que ha sucedido.
Ni los golpes de entrañas, ni los abrazos pervertidos,
ni las caricias por debajo de tu cintura ni los espasmos prolongados…

Aun así, tengo que buscar tras el alambrado
y saber que hay más vida después de ti
y que hay más voces y más miradas.

...Siento el latido de otro corazón calmado
que no es el tuyo y está fuera de
estas dos paredes. Y muy lejos.

No cierro los ojos. Ves que sigo sangrando
y aún así no vienes. Ya no te necesito.
La esperanza cree que podría dar el siguiente paso
y yo creo que podré hacerlo. ¿Qué crees tú?

jueves, 19 de marzo de 2009

Postrimerías de lo inevitable


Cuando acabe la función

Las gotas del crepúsculo han dejado de palpitar tras la colina. Las intensas llamaradas de llanto y desesperación aun pululan en derredores. En medio del salvaje festín de voces y sudor, se puede sentir las gravitaciones de una y otra cosa. A cada instante se producen jolgorios de tardes perdidas y viernes por la noche. Se producen palmazos de desconocidos y jadeos pusilánimes. Y las dudas no cejan ni me dan tregua.

Se ha roto el cristal del escondite al que solía recurrir, se ha quebrado en muchos pedacitos y casi no puedo hallar ninguno. Al mismo tiempo he dejado de percibir la luz de las estrellas polares que jugaban al canto de los grillos. Y los minutos transcurridos y las mareas que mojaban mis talones, van cediendo al enorme espacio de la nada... De la nada sigue emergiendo el hedor que atiborra cada mano que tengo y me hace torpe frente a lo sucedido.

Intento construir el templo donde sentarme a observar mi creación, pero hay alguien más allí. No me deja entrar y me dice que ya hay un dios imberbe de miles de años, que seguirá controlando los destinos simples de cada organismo vapuleado.

Sigo intentando refugiarme, quizás debajo del sombrero del granjero hirsuto o quizás debajo de las faldas de las niñas dulces y frenéticas. Busco en medio de las cándidas sonrisas, de las cínicas miradas que siguen mis huellas. Revuelvo los vestidos cortos y obscenos de las mujeres que han sobrevivido a mis emociones y por algún motivo extraño, no encuentro nada.

La nada sigue en mí –ya no sé si eso sea posible- y me retuerce con facilidad, me llena de vacíos y me constriñe a situaciones hostiles, mermando mi voluntad y mis deseos. Solo importan sus deseos. Los deseos de alguien inexistente. De alguien que cada noche y tras el crepúsculo de la colina, sigue danzando para mí. Me lo sigo creando y me lo sigo creyendo. Los jolgorios y las tardes de los viernes perdidos siguen siendo el marco excepcional de orgías y noches paganas, de frenesís y extravíos. Siguen llenando mi almohada sucia y mis historias que ya no quiero contar.

Ni yo creo seguir la ilación de mis cavilaciones. Pero puedo sentir que siguen desprendiéndose en cada suspiro, en cada latido y en cada palabra arrojada a las fauces de los lobos que dicen entenderme. Sin embargo poco importa los caminos que deba seguir. Es cierto, aun no hallo el motivo de mis días, pero quiero dejar constancia de mi paso por lo efímero. Quiero justificar lo recibido y retribuir mil ecos de silencio que ahora mismo, siguen ahogándose en alguna parte del lado izquierdo, aquí sobre mi pecho.

Solo dejaré de cantar estridencias cuando el llanto me abandone y cuando los palmazos desconocidos y los jadeos cansados se pierdan a lo lejos, por entre las luces del final del camino y el principio de un nuevo vacío envolvente. Solo dejaré de seguir a la luna cuando ésta ya no quiera verme y cuando las nubes que siguen llorando por mi, cierren sus parpados y busquen otro consuelo. Solo cuando la brisa de otoño caiga en otra dirección y solo cuando el gatillo por fin se suelte. Solo diré gracias cuando haya que decirlo y cuando la función haya terminado. No antes. Que quede claro.

Las viejas calles


Como cada noche...

…Las viejas calles -del mismo barrio- acompañan recuerdo tras recuerdo de las tantas noches que a solas y en silencio solía perderme…

Esquinas repletas de nombres perdidos y botes de basura desafiantes, en medio de perros harapientos y vestigios de razón. Faros a media luz y veredas cercenadas. Aullidos espasmódicos que reflejan lo decadente del porvenir. ¡Allí en medio de los charcos viscosos surge una flor maloliente que llama nuestra atención!

Bordes desbordados de las largas avenidas que ofertan carne descompuesta y caricias a precio módico. Lunas de cuarto menguante que se caen de a pocos en medio de las procesiones falsas y tumultuosas. Rugidos famélicos se dejan oír en cada cruce de calles…

Miradas sórdidas y palabras incompletas van construyendo el marco casi perfecto de la madrugada seductora. Gordas y viejas, arrastran sus penas y los años que deben seguir este suplicio. Las manos que se mueven cual reflejo de luz, ya te han despojado de tu intimidad y tu inocencia. ¿Lo notaste?

Los viernes salvajes y los sábados peores se entrelazan en nuestras retinas como fotos secuenciales. Cada uno guarda misterios gozosos y hasta gloriosos, pero jamás uno solo piadoso.

Mientras me prendo otro cigarrillo y apuro la vista, sigue pasando a través de mis cabellos, los intensos aires provocados por los cardúmenes vandálicos que atizan el hedor exquisito de un detalle más para esta historia que se embriaga con el aliento de las amantes frívolas que esperan a por mi.

…Noches paganas, madrugadas malsanas, mañanas incesantes, tardes estúpidas y de vuelta al inicio. Vicios perturbadores y esquinas infestadas de cuervos nefastos que pretenden atemorizarme. No lo lograrán. Sin embargo, las ideas se van diluyendo cuando solo puedo ver el cuerpo sinuoso de algún ser extraño de estas orbes.

Calles tan llena de botellas rotas y manos cortadas, de rostros fieros y verdades compradas. Tan vacías de esperanza y color chispeante. Así son los barrios de barro que componen los tórridos romances y las semblanzas desdibujadas en mis secretos. Ahora, ya no muy secretos.

Y así paso los días, entre casa de basurales y fantasmas de color gris. Enfurecidos y alucinados, trágicos y melancólicos, solo salen de noche y nunca al mediodía. Ni son villanos ni superhéroes, son habitantes condenados de este pedazo de nada, de este trozo de algo que se descompone y hiede a desolación.

Escapo y regreso y todo sigue allí como siempre. Me esperan y saben que también yo soy parte de lo inmundo y corrosivo. Sin cantos aurorales ni diatribas justificadas van sucediéndose las esquinas y los faroles ahumados. Las señoras prejuiciosas nunca dejarán de mirarme o de seguirme a cada lugar. Ellas también son parte de este lugar abandonado por la cordura.

Aquí en silencio y a solas, recuerdo estas calles viejas y corroídas, donde tantas veces me perdí…

viernes, 13 de marzo de 2009

Soledad


...cuando vino a buscarme


Y la soledad hoy ha salido a jugar tras la vieja pared de la cuadra siguiente. Ha salido junto a sus viejos recuerdos que arrastran nostalgias y nada más.

Y la soledad hoy no ha querido pasar a darme un saludo. Hoy se ha propuesto jugar hasta caer rendida de cansancio tras los mismos arbustos que nunca crecerán. Ha dicho en voz bajita que por ahora dejará que cierre bien mi puerta y que no hará ruido al pasar. Además ha dejado escrito en la pared del frente que no tema, que no es tan mala como suelen decir.

Y los juegos de los que gusta, son extraños, como si solo ella los supiera. Claro, se los ha inventado y no quiere compartirlo con nadie más. Salta muy a menudo y se deja llevar como hoja de octubre en medio del camino agrietado de cualquier lugar.

Sus viejos recuerdos hoy están empolvados como casi siempre, pero no parece importarle. De todos modos ríe con ironía y se mofa de quienes la miran. No parece importarle ni los trapos sucios que lleva puesto.

La soledad tenue y parca, famélica y extraña, luce sus suspiros para que los pueda oír, Siento que trata de llamar mi atención y percibo su esfuerzo denodado por atraerme hasta sus brazos mendigos de palabras, de palabras, de palabras.

Me ha dicho que no hay de que preocuparse, que no seré su acompañante hoy, pero no se si sea cierto pues siento sus pasos que ya no juegan, que ya no saltan tras los arbustos, vienen tras la puerta y me da cierto temor.

Casi puedo sentir su aliento y sus sonidos al andar, puedo sentir su infinito misterio que viene a por mí. Esta soledad que gusta de juegos taciturnos y de sueños siniestros, no dejará de rondar mis latidos. Su voz bajita casi emite rugidos desesperados. Creo que romperá la puerta, creo que romperá la pared y mis mejillas. Creo que romperá mis manos y cada parte de mi refugio.

La soledad cansada de ser ella misma, hoy viene a mostrarme las gotas de sangre que ha podido juntar luego de sus huidas a medianoche tras cualquier despojo viviente. Pero hoy está aquí.

La soledad hoy me dijo que no vendría a por mí. Pero me ha mentido.

jueves, 19 de febrero de 2009

Ecos sin tiempo


Ecos sin tiempo esparcidos entre mil hojas de otoño austral que van dibujando los caminos empolvados de nuestros recuerdos. Asediados estamos entre mil parajes. Impávidos de emoción. De pie frente al espejo quebrado, donde solo se refleja las tirrias naturales y las blasfemias inocentes.


La conmoción atiborra cada recoveco lejano y engendra nuevas formas de dominación que ya se siente en derredores. Mientras sonrisas pizpiretas adornan los pensamientos de cada niña que hoy ha venido a verme. En tanto soy nostálgico, soy suspicaz. En tanto soy fatuo soy algo así como una pequeña mancha en las sabanas rasgadas.


Ojos extraños se posan tras el vergel que hoy luce casi muerto. A continuación vienen a mí tantas brisas de cada abril, tantos cantos de grillo y tantos olvidos que nunca recuerdo. ¡Allí en medio de la nada absorbente se erige tu imagen descollante! ¡Allí en medio de los girasoles y las petunias he dejado el olor que reconocerás cuando vengas por mí! ¡Aquí seguiré! Solo tienes que venir.


Lo cierto de las dudas es que nunca se irán, que forman parte de las noches frenéticas que aguardan por mis pasos. Lo cierto es que cuando recuerde los ecos sin tiempo y los mil parajes o las tirrias irritables y las sabanas manchadas, volveré al inicio de cada trozo de verso. Volveré a ser el mismo puñado de letras que por siempre, intentarán dar vida a alguien más que no sea yo.

Y los caminos que me ha tocado recorrer no dejarán más rastros que el polvo pisoteado por tantas huidas a solas. Ni las conmociones ni las niñas con sus rosas extrañas volverán a ser mías. No importará que haya respirado como indicaron, tres veces cada mañana y después de cada pelea.


Tantas cosas por decir, de las que solo un granito, va a parar en tontos recuerdos impregnados de vanidad y zurcidas para el malestar de quien pueda entenderlos. Tanta sangre por contener y tan solo una cosa en mis latidos, ser alguien muy diferente para cuando aparezca el sol, ese sol que casi nunca brilló para mi. Casi nunca.


Amanece más pronto de lo esperado. No tuve tiempo de sacudirme los zapatos ni de sujetarme la esperanza. Sigo creyendo que nadie me verá. Que nadie sabe donde estoy, solo tú. ¿No te das cuenta de mis cantos? ¿No oyes mis cadenas y no sientes mis únicas veces de lucidez? ¿No recuerdas la mañana de octubre o las noches de otros meses? ¿Puedo seguir preguntando?

domingo, 15 de febrero de 2009

Días de insensatez

Espesa neblina entre mis recuerdos
Los golpes han dejado ya de caer. Las ráfagas intermitentes de puñaladas y las gotas de rocío agrio se han esparcido por las esquinas. Las cortas horas de suicidios continuos han dado paso a la quietud. Las traiciones ínfimas siguen detrás pero no me alcanzan. Puedo correr más rápido. Lo sé.

Tengo las manos cortadas y curtidas. Tengo la espalda lacerada y los tímpanos disonantes y aunque mis labios hoy están amoratados aún puedo decir una que otra palabra. Aunque nadie me escuche.

Ahora solo quisiera ser la melodía de la voz del pájaro cantor, solo quisiera ser la tonada de las mil lenguas que recorren el mundo en busca de un poema. Quisiera ser el suspiro luego de la victoria y la brisa tras la intensa batalla en la llanura.

Me siento cansado, he peleado más de la cuenta y no me siento bien. He vencido y tengo la sangre de mis enemigos entre los dedos, pero no me siento bien. Hay hedor a sucia gloria pero no me siento bien.

A pesar de lo parco de mis recuerdos y lo pusilánime de mis deseos, debo seguir corriendo, junto a las libres del camino, libérrimas y soñadoras. Debo emprender los tantos vuelos que he postergado por temor o por lo que sea. A pesar de lo espeso de la niebla y de las lagunas mentales formadas en cualquier paraje desolado de mis inseguridades, debo cortar la maleza y apurar los pasos. Tras las montañas de lo desconocido ha de estar el bosque azul al cual hago tantas avocaciones.

Confieso que he mentido tantas veces y que tantas veces me han mentido. Por más que busco el hilo conector de mis laberintos no lo hallo. Lo he perdido entre los mil periódicos que nunca acabo de leer. Confieso que he deseado partir de aquí dejando inconcluso las cosas y que muchas veces he sentido miedo a estar despierto. Tantas veces he escondido mis manos y con las uñas carcomidas he cogido mis mejillas, tan solo para lastimarme.

Mientras trato de recordar algo más que pueda mencionar y que convenga en esta historia, no puedo evitar las cavilaciones y las sensaciones de perder la razón, los sueños, las ideas, las esperanzas y las ganas de más ganas. Así de absurdo suele tornarse los relatos cuando no se tiene más que decir, cuando se tiene más que contar historias de nadie, historias de otro lugar, historias sin sentido y tan llenas de pocas cosas.

Hoy por la noche seguiré quemando algunos libros más y cubriré cada espacio de mis paredes con esos papelitos incinerados. Quizás así deje de oír esas voces. Si tan solo alguien pudiera entender que no quiero más charcos de violencia ni más detalles de injurias. A penas empiezo a respirar y ya no hay más aire. ¿Dónde están las promesas de niño? ¿Dónde esta el aire nuevo que vendría a mi? No sé si deba seguir buscándolo.

viernes, 30 de enero de 2009

Ya no quiero esconderme


Cuando vuelvas a verme...


Ya no quiero esconderme. Ya no volveré a taparme los ojos ni me verás de espaldas. Nunca más pediré perdón, ni a ti ni a nadie. Coge lo necesario. Aprieta tus dedos y consigue lacerar mis sentidos un poco más. Sabes como hacerlo. ¡No te pediré más nada! ¡Escúchame bien! Termina lo que has iniciado. Hoy quiero sufrir contigo.

Arranca la furia contenida en las orbitas estelares de tu inconciencia. Lanza las diatribas estentóreas fulminantes. Lanza los dardos ponzoñosos y llena mis ojos del virus infecto-contagioso que contienes en tus entrañas –si las tienes- y deja ya de mirar a todos lados. No ves que estoy aquí. Destruye todo cuanto veas. No permitas que quede un solo gramo de esperanza incólume y asegúrate de esparcir el miedo por si alguien se atreve venir a ayudarme.

No te preocupes en bajar la voz, ya todos se han ido y no hay porque ocultar los golpes que tanto te gustan y que ya no me son extrañas. Has conseguido que disfrute del dolor y que enferme hasta reventar. Has conseguido que cierre mis labios con agujas muy gruesas. Has conseguido que día por día me corte un poco de piel. ¿Ves estas marcas? Son obra tuya, siente feliz por ello. Yo lo soy.

Grita con más firmeza. Aquí junto a mis latidos debe quedar algo de vida. Ni tú ni yo queremos que las cosas queden así. Aprieta, aprieta más. Aprieta más. Siento que el aire aún puede pasar a través de mi garganta. Quisiera ayudarte, pero ves que no tengo manos. Una me la quitaste tú y la otra tuve que dejarla porque ya no me servía.

Vuelve tortuoso este momento. Sé que puedes dar más de ti. Créeme que no diré nada. De estoy seguro. Nadie me creería. Nadie nunca me ha creído. Han pasado tantos miles de momentos los cuales solo he podido pegar junto a mis figuritas de cuerpos destrozados sacados de algún diario barato. Tú solo ocúpate de borrar toda huella de violencia del suelo, más no de mi cuerpo.

¡Desaparece este olor que llevo impregnado! Saca de mi lo peor que puedas hallar. Hazme daño, mucho daño. No quiero un solo segundo más de tranquilidad. Graba esto en aquella vieja cámara y luego déjala dentro de un sobre para que todos puedan verla. Pero no salgas sin antes dibujar una sonrisa irónica en mi rostro con la misma sangre que pueda emanar tras esta dura jornada.

Cuando ya hayas acabado con todo solo pon los restos en las bolsas negras que traje para ti y abrázame fuerte. Despídete de mí y dime cuanto me quieres. No te lleves nada de este lugar, las manchas podrían delatarte. Solo deja que el tiempo haga su trabajo y olvida lo que sucedió. Creo que eso es todo por ahora, mañana cuando vuelvas te pediré un poco más.